martes, 5 de abril de 2011

Cultura de la escasez

Hacemos parte de una cultura de la escasez que hemos denominado progreso. Poseemos poco, un poco más o muchísimo más, pero siempre sentimos que aún no es suficiente.

Nuestra ambición por llenar los vacíos atiborra espacios y nuestra capacidad de producir desechos va a la par con el uso de todo aquello que nos de un ranking, en el que la diferencia de recursos económicos se expresa en la velocidad y volumen de lo que convertimos en basura.
Nos hacen falta tantas cosas, mayores experiencias, lugares por visitar... Todas, todas queremos esto, también aquello... No hay límite diferente al de la capacidad aquisitiva.
¿Qué estamos realmente comprando y botando?
El valor de lo que consumimos va más allá 

del precio etiquetado y pagado porque el costo real de producción es inherente al uso de los recursos involucrados en su factura. Si la mano de obra es compensada por lo bajo, el obrero vive en una estrechez y frustración que lo mantiene hambriento. Si usamos recursos naturales renovables o no renovables y nuestro manejo lo regula el bajo costo, arrasamos la naturaleza y condenamos a las futuras generaciones a no contar con ellos. Si el producto final genera además una estela contaminante, liberación de gases tóxicos sin olor y sustancias inmortales por su incapacidad de biodegradarse, transformamos el habitat condenando la vida a la extinción.
Entonces pagamos barato y hasta en oferta la escasez que creemos tener hoy, pero que será una certidumbre mañana en tanto persistamos en producir para el consumo y en consumir para mantener la producción, cueste lo que cueste.

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