Soy de la misma sustancia y materia que las flores, los pájaros, los insectos, la montaña, la greda, la piedra, el carbón. Me convertiré al morir en polvo, tierra que el aliento que conocemos con el nombre de viento desplaza y asienta para crear vida.


Hay vida y muerte. Todo termina siendo vida en la renovación de la materia que se hace volátil y otra materia.
En esa relación de estar en y ser la Tierra también observo. Veo cómo mi intención se concreta a medida que dejo de hacer, y mi acción deja de extraer para complementar. Lo que ayer era estéril, es hoy un hervidero de exuberancia:

Es nuestra elección la Tierra en la que vivimos. Esa decisión no sólo compete a las acciones sino que además se gesta en el pensamiento. Desde ahí se comienza a concretar un planeta sano, libre de la guerra. En equilibrio para albergar y ser una humanidad conviviendo con respeto, libertad y amor. Después viene el actuar. El mañana es lo que cuido hoy, en el ahora: donde estoy.
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