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viernes, 1 de noviembre de 2019

"Nada nace grande"

Es la máxima que inspira a Nathalie Silva, en su gestión cultural.
La combinación perfecta entre el campo y la ciudad, trayendo y llevando lo mejor de cada ámbito a uno y otra, es la plataforma que recorre Nathalie Silva, para posibilitar nuevos accesos en la cultura rural y mantener el arraigo por el territorio que habita. "Para mí es muy importante aportarle a las comunidades desde mi área de conocimiento, y formar activamente parte del progreso y el cambio tan anhelado que pide el país".


Nathalie Silva es egresada de la facultad de Diseño Industrial de la Universidad Javeriana y Especialista en gestión cultural, con énfasis en planeación y políticas culturales de la Universidad Nacional de Colombia. Es fundadora y directora de la Fundación Silbido de la Montaña, practica con disciplina danza aérea y pintura.
Luego de vivir en Bogotá, en Otford (Australia) y regresar nuevamente a la capital colombiana, Nathalie Silva se radica en Suesca desde el 2011. Su decisión proviene de su experiencia en el exterior, ya que allí su habitat fue el campo, lo que le hizo tomar distancia del ajetreo e intensidad de las grandes ciudades. 
"Vine a Suesca decidida a encontrar una casa donde empezar nuevamente con Arianna, mi hija mayor…  la aparente quietud de un pueblo, la tranquilidad de vivir en una casa sin vecinos muy cercanos, los animales, el paisaje que acompaña mis días hacen hoy impensable, para mí, vivir nuevamente en una ciudad como Bogotá, lo rural ofrece tranquilidad, ofrece otra velocidad de vida, así mismo permite administrar de otra manera el tiempo, puedo decir que me doy muchos lujos que son inimaginables viviendo en las ciudades: estoy gran parte de mi tiempo con mis hijas, y eso es lo que más amo de vivir en el campo, puedo entrenar (danza aérea) dos veces a la semana en horas de la mañana, claro, por otro lado, hay momentos de mucho trabajo, en los que debo invertir todos mis días, y a veces mis noches".
Se asienta en el municipio sin tener nexos previos y lejos de sus redes familiares, que a lo largo de los años fueron su soporte para crecer. "Cuando yo llegué a Suesca no conocía a nadie, y al principio fue más difícil, pero el tiempo ha puesto en mi camino nuevas familias en quienes he encontrado un gran apoyo también, aunque nunca es igual que ese núcleo que hace parte de nuestra formación desde la infancia".
Con una importante herencia en gestión cultural, ya que su abuelo, Eliecer Silva Célis, fundó el Museo Arqueológico de Sogamoso y descubrió el observatorio pre-Mhuysqa de Villa de Leyva, y su abuela, Lilia Montaña de Silva Célis, recopiló mitos, leyendas y folclore de la laguna de Tota, que con ese nombre fueron publicadas, y reconstruyó la Fiesta del Huán, considerada como la celebración Mhuysqa más antigua, Nathalie se desempeña hoy como gestora cultural. 

"...pasé mucho tiempo en el museo durante mi niñez, y es así como conceptos como Patrimonio Cultural me han acompañado desde siempre. Durante mi pregrado tuve la oportunidad de iniciar mi trabajo con comunidad, inicialmente con población desplazada en Altos de Cazucá, entre Bogotá y Soacha, la labor allí desempeñada marcó mi vida para siempre, me enfrenté a la realidad más cruda del país, problemáticas sociales de las cuales escuché anteriormente, pero las cuales visualizaba muy lejanas a mí y a mi entorno, pero no, son realidades que habitan con nosotros y que nos competen, de las cuales también somos responsables y así mismo, de alguna manera, podemos ser parte del cambio, allí realicé, junto a mis compañeros mejoras de vivienda, en el marco de un proyecto académico interdisciplinario (entre estudiantes de diseño y arquitectura) llamado “Ubicar”, de la Universidad Javeriana".
En los años siguientes su interés por las comunidades la lleva a Bahía Cupica, Chocó y a recorrer el país desde la Guajira hasta el Amazonas, "he convivido con comunidades indígenas, afrocolombianas, campesinas, he conocido raizales, y personas de diferentes nacionalidades, y esto ha nutrido mi labor como gestora cultural, pues soy testigo y amante de las diferencias de las comunidades, he visto esa Colombia pluriétnica y multicultural de la que habla nuestra Constitución Política y ese amor por la diferencia es lo que motiva mi trabajo".
Posteriormente, a la muerte de su abuelo, se une a su familia en la Fundación Eliecer Silva Célis y participa en el lanzamiento de la exposición de los cráneos descubiertos por él, que fundamentan el proyecto "Tras las Huellas de los boyacenses más antiguos", un corto-documental sobre este hallazgo y la publicación del libro del profesor José Vicente, "Los Chibchas: hijos del sol, la luna y los Andes: orígenes de su diversidad"y después en la organización de la “Fiesta del Huán”.
Con esta experiencia y sus "deseos por ser parte integral en el desarrollo del territorio que habito, y también el hecho de extrañar la oferta cultural que ofrece la ciudad y desearla al alcance de mi entorno", crea su propia Fundación, El Silbido de la Montaña, con sede en Suesca. 
"Mi labor como gestora cultural no es fácil, ha sido un camino de mucho aprendizaje, en donde personalmente he trabajado en mi disciplina, constancia, iniciativa; como directora de la Fundación El Silbido de la Montaña cumplo funciones administrativas, como mantener al día a la organización frente a las responsabilidades estatales y de funcionamiento general: pago de impuestos, documentación, administración de recursos, entre otras y funciones de formulación, gestión, implementación y evaluación de proyectos".
El listado de proyectos que realiza Nathalie a través de la Fundación, de manera directa y mediante alianzas,  es  amplio, algunas son: Canto al agua, para celebrar el día mundial del elemento; Festival Titua, tejiendo memorias y saberes, en el que se presentan actividades para la recuperación y difusión del patrimonio cultural inmaterial cundiboyacense; Fiesta del Huán, realizan actividades académicas, lúdicas, artísticas y rituales, en torno a la actividad central: la observación del solsticio de diciembre; Tijiquí, escuela rural de realización audiovisual, programa de formación dirigido a jóvenes rurales del municipio de Suesca; Escuela de arte culinario neo-regional Atabí, formación en gastronomía con énfasis en innovación; Guardianes del territorio, programa de educación ambiental a través del arte y el juego, y Programa Semillero Jóvenes patrimoniales, que acompaña y forma en el manejo de los recursos naturales y culturales del territorio.

Son años que comenzaron en el 2013 y que para ella significan "una profunda gratitud hacia las personas que este camino ha traído consigo, desde grandes amigas con quienes lo hemos compartido y trabajado de la mano, hasta los beneficiarios de cada uno de los proyectos implementados, todos ellos han sido parte fundamental en mi ejercicio profesional de cada uno he aprendido muchísimo.
Su reto cotidiano sigue siendo mantener en continuo crecimiento la Fundación, lograr que sea sustentable, lo cual le implica mucha dedicación y entrega, que se retroalimenta de la máxima que le confió Mario Bonilla Romero, director de Agrosolidaria, Nada nace grande” y dada la trayectoria de la Fundación, ya en Suesca su presencia es notoria.
Nathalie Silva desea ser mejor en todos sus roles  y "visualizo cada vez más sólida a la organización a la cual represento, estamos trabajando en fortalecer los procesos y mi visión es en algún momento, no muy lejano, es acceder a recursos de cooperación internacional, para de esta manera consolidar cada uno de los procesos emprendidos, así como extender nuestro campo de acción y cada vez llegar a más lugares del territorio colombiano".  

Fotos  cortesía Nathalie Silva y Fundación Silbido de la Montaña

viernes, 25 de octubre de 2019

Consuelo Bonilla Cobo:

Desde hace trece años se reinventó como neocampesina.

El amor de Consuelo Bonilla Cobo por la naturaleza va desde la protección y conservación del "monte" -una extensión de bosque nativo-, el disfrute de convivir con animales de granja en libertad y crear un espacio sabatino, para que niños vecinos, encuentren donde reír, jugar y aprender aquello que la educación regular no les ofrece.
Es una caleña que dejó su actividad mercantil para reinventarse como habitante rural del municipio de Guasca. Vive en la Reserva Natural Bosque de La Candelaria, desde hace trece años, "no  fué una decisión precipitada sino pensada  a cabalidad". 
Consuelo y su esposo Klaus compraron en 1991 una área montañosa en Guasca. Lo hicieron para preservarla, pues era evidente que la tendencia en la zona era deforestar. Permitieron que el bosque caminara solo y para pernoctar ahí construyeron un sencillo refugio en madera. Queda en la parte baja del bosque, lo que propiciaba que ellos hicieran caminatas de montaña, cada vez que podían ir a visitar, pues sus actividades económicas estaban en Cali y Bogotá. 
"En junio del 2005 murió mi compañero de 40 años y entonces debí reflexionar cómo seguiría mi vida y en dónde. Lo resolví rápido, quería vivir: En el campo! Y mi energía la enfoqué a lograr este propósito".
Para adaptarse a la nueva vida contó con la ayuda de Luis Antonio, un campesino de Guasca que trabajó con ella y con el que "aprendí de sembrados y cosechas, conocí de los variados y deliciosos tubérculos sabaneros y diferentes clases de papas que hoy por hoy no se comercializan. Conservar estas semillas es muy valioso para que no desaparezcan". 
Ahora celebra y comparte cada cosecha de variedades de papas, guardando a la vez las mejores para continuar su siembra y reproducción de las semillas recuperadas e incluso encuentra nuevas mutaciones de las mismas, que se dan de manera natural.
Se reconoce orgullosamente como “neo-campesina”, condición que identifica a citadinos que dejan el asfalto, los edificios y los trabajos de oficina por una vida campesina, en la que las labores son al aire libre y el movimiento es una exigencia cotidiana para funcionar.  "En ningún momento me he arrepentido de haber dejado la vida citadina, por el contrario, cada vez aprecio más la posibilidad que tuve de venir al campo y dar un cambio total a mi vida".
Su transito seguro por la vida rural, la mantiene "aprendiendo mucho, trabajando y disfrutando de todo lo que nos da la naturaleza". 
La conservación y fortalecimiento del bosque, la llevó a "pertenezco a RESNATUR, que es la  Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil, una agrupación sin ánimo de lucro, que promueve la conservación de la naturaleza, en todos sus aspectos y que agrupa a unas 150 reservas naturales, regadas por toda la geografía colombiana". Desde su afiliación mantiene una participación dinámica y se ha desempeñado como miembro de la Junta Directiva, en varias ocasiones. 
La reserva Natural Bosque de La Candelaria es refugio para diversas especies de flora y fauna nativa del bosque alto andino.
Complementa sus actividades de granja, en la que las siembras se realizan al ritmo de la Luna,  y medioambientales, con un programación lúdica. "Desde hace 5 años empecé con un programa de actividades para los niños de la vereda.  Es algo muy especial el trato con los niños, verlos reír, jugar y disfrutar de los programas que se les ofrecen". 
Todos los sábados los niños visitan la Reserva para hacer Origami, cerámica, cantar, pintar y jugar, apoyados por tutorías de especialistas. Igualmente, en algunas ocasiones realizan excursiones en las inmediaciones de Guasca, para conocer programas de conservación y restauración, que se llevan a cabo en la Reserva Biológica Encenillo  y en la Reserva Natural Montiel.
A lo largo de estos años Consuelo Bonilla Cobo se acompaña con "unos cuantos cabros, que no solo me dan leche, sino además distracción. También gallinas  y un par de conejitos, completan la mini arca de Noé".

Fotos cortesía de Consuelo Bonilla Cobo

viernes, 18 de octubre de 2019

Marlyn Ahumada, en construcción constante de un mundo natural que empodere la vida

Comunicadora social y periodista de la Javeriana, Especialista en Tributación de los Andes, Especialista en Derecho del Trabajo del Externado, y Especialista en Recursos Humanos del Inalde (altos estudios de la U de la Sabana)., Se desempeñó como Concejal del municipio de Suesca y desde hace cinco años está radicada tiempo completo en su finca, LunAhumada, ubicada en la vereda de Ovejeras de Suesca, Cundinamarca. 

La vida en el campo para Marlyn Ahumada comenzó hace 25 años. Ella y su compañero, Ricardo Luna, compraron una fanegada de tierra y con ella una casa de recreo, que disfrutaban los fines de semana... "allí comenzó nuestra historia en este pueblo de gente maravillosa. Solíamos decir que aquí Vivíamos en realidad. Que en Bogotá solo dormíamos". Posteriormente vendieron y adquirieron muy cerca una finca de varias hectáreas que bautizaron como LunAhumada, usando los apellidos de ambos.
Su ir y venir estuvo circunscrito al trabajo de los dos y "Hace unos cuatro o cinco años se empezaron obras de remodelación del apartamento en el que vivíamos en Bogotá, y tuvimos que salir de allí como por cuatro meses; entonces nos vinimos para la finca. Y en ese mientras tanto nos dimos cuenta de que definitivamente podíamos seguir realizando nuestras actividades cotidianas pero desde una perspectiva mucho más saludable para nuestras mentes. Así que el mientras tanto se convirtió en permanente”. 
Puedo decir que todo lo que hago me satisface por igual. Y creo que eso es porque todo lo que hago lo hago porque quiero. En esta etapa de mi vida no haría nada porque me “toque” hacerlo. 
A partir de los últimos cinco años LunAhumada es el espacio vital en el que Marlyn, con el apoyo de su compañero, da rienda suelta a su espíritu inquieto. Ha incursionado en el manejo de una ganadería de leche, que sigue las enseñanzas de Nueva Zelanda y está vinculada a la cooperativa que recibe esa asesoría, convino en dejar la zona montañosa de la finca para la reforestación con árboles de especies nativas y lleva a cabo dos proyectos que acercan la vivencia rural a los nuevos enfoques de experiencias lúdicas para aprenderla Fábrica de comida orgánica LunAhumada, en la que se siembran y cosechan hortalizas y Día mágico en LunAhumada hecho a la medida de empresas. 

Estas dos actividades la conectaron con voluntarios "son muchachos de todo el mundo que, atraídos por el proyecto social y ecológico que representa la Fábrica de comida orgánica LunAhumada, nos escriben para venir a poner aquí su granito de arena. Son personas maravillosas que nos enseñan muchas cosas y que comparten con los locales experiencias, sabiduría y vida".
El compromiso con el cuidado y manejo ecológico es una constante en la labor que realiza Marlyn. "Como tratamos de que todos los procesos de LunAhumada sean ecológicos y lo más amables posible con los animales, yo misma preparo por ejemplo el sellador y el presellador que se utilizan a la hora del ordeño. Los hago con hierbas, como el tomillo, que es desinfectante, y con caléndula y manzanilla, que son cicatrizantes. De igual manera preparo los jabones para lavar el equipo y todos los utensilios relacionados con el ordeño. Les preparo también a los colibríes néctar con azúcar orgánica".
Marlyn combina su trabajo en la granja con una actividad intelectual, que la hace una habitual escritora de libros, como el de Energías renovables, que la llevó a buscar la autosuficiencia energética para LunAhumada y a gestionar que el acueducto veredal de Ovejeras (Asovejeras) se convierta, a finales de Octubre del 2019, en el primero de su campo en Colombia en bombear agua con un sistema solar. 
Actualmente escribe un libro sobre Basura cero. "Y llegué a la conclusión de que eso es imposible, a menos que uno se dedique día y noche a producir todo para uno mismo. Todo es desde la pasta dental, pasando por el desodorante, los jabones, el champú y el bloqueador solar, hasta los condimentos para los alimentos. De manera que me puse a buscar empresas y personas que vendan ese tipo de cosas, para que uno no renuncie a su compromiso con el medio ambiente, porque por obvias razones uno tira la toalla a la semana de estar cocinando productos ecológicos todo el día todos los días. Bueno, pues resulta que ser amigable con el medio ambiente es elitista. Todo eso es absurdamente costoso. Y no tiene razón de ser. Así la gente como uno no le jala, no hay bolsillo que alcance. De manera que estoy en la tarea de convencer a vecinos, a amigos, a quien se le mida, de iniciar negocios (absolutamente rentables) para satisfacer las necesidades de las personas que quieran ser amigables con el planeta. Vender productos ecológicos que rindan lo mismo que uno químico, y que sean al mismo precio… ".
La jornada de Marlyn es larga y disciplinada. "Mis actividades principales son en realidad muy variadas. Mi día comienza a las 5:30 a.m. y por lo general termina hacia las 11 o 12 de la noche. Todo el día estoy creando. Soy superinquieta. Temprano en las mañanas estoy pendiente del ordeño, de los animales en general (darles de comer, ponerles agua fresca, en fin, velar por su bienestar)…"
Marlyn aprendió de una familia de voluntarios a hacer quesos franceses, que hoy día comercializa en 5 variedades, entre los que se encuentran Tomme y Abondance.
Para lograr y desarrollar estas múltiples y variadas actividades, Marlyn cumple tres metas diarias. "Por disciplina leo, escribo y estudio todos los días. Nunca dejo de hacer estas tres cosas, así sea que solo escriba una frase, lea solo 2 páginas de un libro o estudie media hora. Lo que más estudio son idiomas. Pero también geografía, historia y política. También le dedico más o menos una hora al día a chequear las redes sociales. Me gusta ver las actualizaciones de mis amigos y, sobre todo, leer las opiniones y los comentarios de todo tipo de personas sobre temas de actualidad y sobre política. Me encanta la variedad. Mi abuelo solía decirme que uno tenía que tener amigos jóvenes y amigos viejos. “Jóvenes para mantener la curiosidad, y viejos para procurar la sabiduría”. 
Su actividad en la comunidad la mantiene en un ejercicio permanente para presentar, a través del ejemplo y de exponer otras formas, opciones que algún día posibiliten que los miembros de su entorno "adquieran sentido de pertenencia. Es lo único que los convencería de cuidar lo que tienen. Que en realidad, es lo mismo que tenemos todos: tierra, aire, agua, cielo, espacio… ¡Vida!".
Fotos cortesía de Marlyn Ahumada

viernes, 4 de octubre de 2019

Un pasado hecho presente

que se concreta al cumplir la meta de vivir en el campo de Helena Perez, quien desde el 2014 habita la finca El Jazmín, ubicada en Guatavita. 

Si bien su raíces son citadinas, el hecho de haber conocido el Bogotá de los años 50, cuando apenas comenzaba su expansión y la vida transcurría en casas con solar, muy grandes para estar en capacidad de acoger familias numerosas como la de Helena, ya que su madre tuvo doce hermanos, le permitió sentirse en una finca.  "Mi abuelita, de la que heredé mi nombre, tenía gallinero, perrera, brevo, papayuela, durazno, ciruelo, cebolla larga y cilantro, y fueron muchas las veces que la acompañé a recoger los huevos. A Ella le aprendí muchas cosas: el amor por el campo, la naturaleza, los animales y el gusto por la cocina, aunque en ese tiempo era usual tener mucha ayuda en el funcionamiento de una casa, la recuerdo preparando los dulces semanales, como la jalea de guayaba, el arequipe, la brevas en panela, el dulce de icaco y mucho mas". 
Paisaje desde El Jazmín, Guatavita
La presencia de la naturaleza en su vida cotidiana también tuvo su arraigo con su padre, quien dada la cercanía de su vivienda a las montañas orientales de la capital colombiana, organizaba caminatas dominicales en las que les inculcó la importancia de los elementos naturales en la vida "recuerdo especialmente que después de un día de lluvia, nos hacia respirar muy profundo para aprovechar la limpieza del aire. Mi papá era muy emotivo y disfrutaba desde una piedra hasta la magnificencia de un eucalipto centenario".
Helena se casó y durante sus diez y siete años que duró su matrimonio y del que le quedaron cuatro hijas, su compañero compartió su pasión por el campo. Pasaron muchas temporadas en el llano en Acacías, Meta. También por esa misma época, luego que sus padres compraron una finca, en Zubia, tuvo la experiencia de vivir a ratos en él. "Todas estas cosas que vivía y mi manera de ser, hicieron que siempre visualizara mi futuro en el campo, no en la ciudad"
La responsabilidad de criar sus hijas condujo a Helena a hacer muchas y diversas tareas, entre las que se encuentran labores domésticas, secretariales, de asistencia administrativa, decoración, repostería, trasladarse por unos años fuera de país y por último administrar la finca paterna. "Fueron años de esfuerzo y lucha, pero sin desistir de mi meta".
Sin embargo, pese a que sus hijas eran independientes, Helena tuvo que aplazar su proyecto otros cuatro años; tiempo en el que se dedicó a cuidar a su padre, que estaba viudo y entrado en años. A su muerte, y teniendo en cuenta que había comprado, conjuntamente con su hija mayor y yerno, una terreno en Guatavita, en el que ellos había construido una casa, que tenía reservado el "cuarto de la abuelita", se trasladó allí "a vivir mi sueño, pero me faltaba algo: mi espacio".
Construyó su vivienda independiente, en 40 metros cuadrados, que adecuó y decoró con los detalles que había imaginado. Es un lugar lleno de color y con el toque habilidoso de sus manos, ocupadas en las manualidades, costuras y fogones, que hoy son un exitoso emprendimiento.
"Yo programo mis días con diferentes actividades. Voy a reuniones con amigos y actualmente hago parte del Mercado Itinerante, evento mensual articulado entre Suesca, Sesquilé, Guatavita y Guasca. Participo con mis productos. También estoy en dos nuevos proyectos, uno veredal y otro familiar". 
Han comenzado a reforestar parte del terreno y a eliminar el uso de productos agresivos que afectan los suelos. "Tratamos de dar ejemplo a los vecinos, de cuidado, organización, limpieza preocupación por el medio ambiente y los recursos".



Fotos cortesía de Helena Pérez

viernes, 27 de septiembre de 2019

Servir a la comunidad y fortalecer la cultura,

el compromiso de Esperanza López.

Servir para mejorar lo existente, es la premisa que inspira a Esperanza López, quien hace once años se trasladó de Bogotá a Suesca, y que hoy la decide a ser parte del abanico de candidatos para el Concejo Municipal. Ella considera que desde ahí le será posible presentar proyectos, "como por ejemplo, organizar el pueblo y embellecerlo para que sea más bonito y nos sintamos orgullosos de él, ya que esto genera identidad y apropiación entre la gente; difundir más su historia y proteger los bienes de interés cultural; tener más espacios para esparcimiento en familia, campañas de cultura ciudadana y que se haga mucha pedagogía y trabajo alrededor de temas como la mujer, educación ambiental, buen trato a los animales, más recursos para la cultura, el deporte y el turismo sostenible. Suesca puede llegar a ser un importante nodo turístico de Cundinamarca, tiene con qué".
De manera adicional, cree que su participación en la instancia legislativa, le permitirá "contribuir al gobierno municipal para que pueda cumplirle al pueblo con el Plan de Desarrollo Económico y Social propuesto, con transparencia y cero corrupción". 
Ella vive en la zona rural, en la vereda de Guita, donde los extensos farallones que se conocen como las Rocas de Suesca, son el paisaje que la acompaña para recibir y despedir el día. Esta experiencia la recibe como un cúmulo de bendiciones. "Bendigo cómo se dio todo para venir a vivir al campo. Bendigo a todas las personas que tuvieron que ver en esa decisión. Bendigo mi casa, a mis vecinos, a las aves que diariamente vienen a visitarme y a tomar agua, los amaneceres, con mucho blanco flotando entre verdes, los atardeceres arrebolados, la luna, el sol, el viento, la noche con las estrellas fugaces, y esa energía que vibra por lo ancestral y lo indígena, que cada día me mueve más a estudiarla y a divulgarla. Ahhh, y Las Rocas, que desde mi ventana saludo cada mañana". 
Su compromiso con la zona, que la fascinó desde el primer momento en que la visitó  y conoció sus paisajes, lo plasmó durante tres años en el informativo mensual El Güiteño, cuyas páginas ilustraron, tanto a sus vecinos veredales como en general a la pobladores de Suesca, sobre temas propios del lugar, novedades locales, escuela de padres, buen trato, medio ambiente, protección animal, cultura, historia y patrimonio.
Considera que a lo largo de los años aprendió "a fluir con lo que tengo en frente, adaptándome y disfrutando lo que me gusta, y descartando lo que no. He hecho buenos amigos y me considero sociable, tengo facilidad para conectarme con las personas". También logró tener claro su interés por  "servir a los demás, sin importar si es amigo o no, si le caigo bien o no. La vida es más fácil vivirla, cuando se es útil a algo o a alguien. No armarse líos ni comprar rollos que no me corresponden".
Aún sin tener un escaño en el Concejo Municipal, Esperanza López desempeña un rol determinante en la defensa de los derechos de los suescanos a vivir en un ambiente sano y de la protección del patrimonio cultural y arqueológico que posee Suesca, con su Iglesia doctrinaria, el cementerio y los pictogramas en las Rocas. Junto con algunos habitantes de Suesca impugnó y suspendió una licencia ambiental para minería a cielo abierto, hace parte del Grupo de Vigías de Patrimonio, que protege los bienes de interés cultural, arqueológico y natural del municipio y además representó, por elección popular, al sector de artesanos en el Consejo Municipal de Cultura.
De manera laboriosa ha recorrido las diecinueve veredas del municipio, con el fin de conocer y documentar el territorio, que en el pasado fue un asentamiento Mhuysqa, para no sólo ilustrar a los visitantes, sino especialmente crear una cultura de arraigo y protección de los recursos propios de la región.
Esperanza López valora su actual vida "es tranquila y sencilla, colmada de paz y de todos los beneficios posibles: salud física y mental, serenidad y claridad para pensar y trabajar en lo que me gusta, que es la cultura y el servicio a la comunidad. En Suesca hay muchas necesidades de todo tipo y lo que uno pueda aportar, dependiendo de cómo se plantee, puede llegar a ser útil y exitoso". 
Fotografías cortesía de Esperanza López.