sábado, 30 de enero de 2016

Sombra entre dos

- Eres rara. Me dijo Él.

- Te parece? Respondi sin emoción.

- Pero, me fascina tu cuerpo.

¡Vaya!, pensé para mi misma, miente con descaro, mientras repasaba mentalmente mi forma física. de cabeza a los pies. Pelo rizado que mantengo cortado en capas, sin permitir que sobre pase mis hombros, de dos colores, en el que prevalece el blanco de las canas con las que luché los últimos tres años y el que últimamente dejo sin tinturar, ya cansada de las largas sesiones en el salón de belleza. Cejas y contorno de ojos tatuados, para curarme la pereza de maquillarme a diario. Busto normal, que cae libre del sostén, que tiré cuando reconocí que era una prenda de tortura para mi. Vientre y caderas abultados, testigos inefables de mi pasión por los panes en todas sus presentaciones. Piernas cortas, con muslos marcados por la celulitis, causada por el café, me han dicho, pero ni por eso lo puedo dejar. Pies planos y con callos en los últimos dedos, que me obligan a usar zapatos bajos y anchos… Eso si, siempre sana, tan vital que a mi de verdad me fascina mi cuerpo.

- Es Marina, de la que tanto te he hablado, estudiamos juntos, desde la primaria hasta el bachillerato. Le decía Eliipfe Concallo a Danna, su acompañante. Una mujer sofisticada, alta, elegante y esbelta, cuya mirada turbia por el alcohol se aclaró, al observarme.

Si, estudié con Elipfe y nunca le presté atención. Era uno de los chicos ricos de la clase. Alto, atlético sin exagerar, de pelo oscuro y liso, siempre del largo preciso. Hablaba lo necesario y era amable con las chicas. Uno entre tantos del salón, en el quería pasar desapercibida y por ello me sentaba en primera fila y sólo miraba al tablero y al profesor. 

- Danna y yo estuvimos casados, pero lo dejamos hace muchos años y ahora somos amigos. Aclaró Eliipfe. - Ella es la protagonista del Café para tres-. El programa de humor de mayor sintonía del momento. -Yo me dediqué a las finanzas y estoy retirado..

Mientras escuchaba el monólogo de fondo me preguntaba el sentido que podría tener que terminamos aquí, los tres. Iba por la calle y el carro, que conducía Danna, se abalanzó contra los transeúntes y para salvaguardarme corrí y tropecé centra un andén, me golpeé la cabeza.  Ellos, asustados y aún embriagados, me recogieron y llevaron a la recepción del hotel, mas cercano, en el Centro, uno que otrora fue de categoría. donde, para su suerte, reconocieron a Danna y pese a estar totalmente llenos, les asignaron una habitación que acaban de desocupar. De ahí que la mugre acrecentara la ruina del lugar. Había dos camas, que mas bien se asemejaban a catres por la ausencia del espaldar y estaban ubicadas de manera lineal. La muselina de las cortinas, estaba beige, del polvo acumulado por los años de indiferencia de los dueños. Los muebles de madera tenían marcas y raspaduras, por el abuso de visitantes descuidados. Olía a sudor rancio. Yo estaba recostada en una de las camas, cuyos tendidos arrugados y revueltos trataba de componer, mientras ellos conversaban sobre mi.

- Siempre la miraba por el rabillo del ojo. tan puesta, seria, sólo concentrada en los estudios…

Miré a Danna y ella asentía hastiada, con cara de quien escucha una historia, muchas veces contada.
Elipfe invocaba a una Marina que ya tenia olvidada. Esa adolescente tímida,  que sacaba buenas notas, porque los estudios eran un hobby gratis, y que evitaba hablar para esconder la pobreza, en la que se arrastraban sus padres para vivir de limosna  y reclamar con dureza la compasión ajena.

- Tu sabes, - continuaba Elipfe- que seguí su trayectoria en todos estos años... 
En el silencio de mis primeros años de vida se fueron agrupando las palabras, hasta conformar un discurso exitoso, que me hace hoy una experta en temas de género y solicitada en podios académicos del país. 

- …y por eso - volvía prestar atención a Elipfe- cuando la vi frente a nosotros, no lo podía creer… al principio pensé que era un espejismo, pues si que nos pasamos de tragos, pero cuando tu dijiste:  ahhh… la famosa Marina, no tuve dudas y….

De pronto me vino una sospecha:  y si todo esto era una puesta en escena del Café para tres?  Inspeccioné paredes, dinteles, muebles, ventanas… Los miré con detenimiento, se veían relajados e inocentes.  Me paré con sigilo y en la voz mas baja que pude, dije - Voy al baño. Ellos siguieron imperturbables. Elipfe recostado  contra la pared, mirando de frente a Danna, quien estaba sentada al borde de la otra cama, como si estuviera lista para saltar.

Cerré con cuidado la puerta y evité ponerle seguro, ya que estaba oxidado y temí que fuera ruidoso. Busqué micrófonos y cámaras escondidas, pero no los hallé. Espié por al ventana y en la habitación del frente descubrí al hombre con el que tuve mi ultima aventura. Seguía soltera, pero nunca guardé mi virginidad. Tuve novios por largos y cortos tiempos y muchas aventuras de una noche. Me escondí rápido para que no me viera. El esfuerzo me hizo salir sangre por la fosa nasal izquierda, me lavé en el lavamanos y me eché agua en la cara, mientras mantenía echada hacia atrás la cabeza, En ese momento Danna abrió abruptamente la puerta.

- ¡Qué modales!, répliqué con sobresalto.

- ¡Danna!, reclamó Elipfe, quien ahora estaba en el umbral del baño.

Ella me miro con odio. En su mirada vi que aún lo ama. He sido sin saberlo una sombre entre los dos y entonces comprendí que no existía accidente alguno. Ella arremetió contra mi.  La miré sin rencor, sólo con la compasión del perdón no pedido. No me sostuvo la mirada. Empujó a Elipfe, salió del baño y luego de la habitación, dando un portazo.

Me tambalie  y Elipfe vino en mi ayuda. me levanto y cargó en brazos. Sus labios se juntaron con los mios. Sentí su avidez y me pregunté: qué pasará si le devuelvo el beso? 

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