jueves, 20 de marzo de 2014

Rendición 7

Mis pesquisas se incrementaron. Revisaba su billetera mientras estaba en la ducha, le daba la vuelta a los bolsillos de su ropa con angustia e insatisfecha olía sus prendas como un sabueso. Volví a espiarlo en su oficina y en mas de una ocasión lo vi con ella, con la misma afinidad que me dejaba inquieta y rabiosa. Perdí completamente la tranquilidad y se volvió frecuente que me despertara en las noches para asegurarme que Él seguía a mi lado. Mi tormento se convirtió en una voz dura y quejosa que lo alejó aún mas y que yo era incapaz de detener. 
Detesté permanecer en casa, el lugar había dejado de ser un hogar y me escondía en la casa paterna, para sentirme aún mas infeliz al ser testigo del buen matrimonio de mi Cuñada, quien ya había dado a luz cuatro hijos, cuyas risas y juegos me hacían sentir mas estéril. 
Regresaba a maldecir -había olvidado mis oraciones- el paso lento de las manecillas del reloj que hacían mas dolorosa mi espera. Cuando Él llegaba retornaba a los reclamos y un día en medio de mis diatribas lo acusé de amar como hombre a su hija. Me miró con un desprecio que me condenó a buscar venganza.

Continuará 

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