martes, 11 de marzo de 2014

Rendición 6

Lo perdoné, culpándome por vestir ropa provocativa y retomé el atuendo riguroso y gris. Como parte de mi expiación convine en conocer a la Hijastra, quien acaba de convertirse en huérfana de madre, y lo hice en el preciso momento en el que me preocupaba quedar embarazada. Fui al médico y me ordenaron unos exámenes: La ansiedad por sus resultados me mantenía en vilo y de un humor variable.
Nos encontramos los tres en una cafetería. La odié apenas la vi. Físicamente tenía la robustez del padre y el resto, asumí, que era la herencia biológica de la madre. Se trata de una chica grande, con una flexibilidad que la hacía muy femenina y atrayente. Entre los dos existía una complicidad que me dejaba de lado. Me comporté de forma educada, mientras que internamente presagiaba una tempestad que irrumpiría la fragilidad de mi matrimonio y así fue. Ella empezó a quedarse en casa los fines de semana y yo continuaba sintiéndome excluida. Su sola presencia me exacerbaba hasta que me fue imposible dominarme y comencé a hacerle desplantes; me negué a que volviera a quedarse con nosotros. Esa determinación enfureció al Tío/Marido, quien optó por llevarla de pasear en su tiempo libre y dejarme sola en casa. Los celos me cegaron y una sospecha se apoderó de mi, en tanto que nos entregaron el diagnóstico médico: mis ovarios permanecieron en la niñez y jamás podría procrear. 

Continuará 

No hay comentarios: