miércoles, 17 de julio de 2013

En familia 11


En medio del llanto que me acompañó de regreso a casa, me sentí aliviada. Creo que si aún conservara el empleo mi decisión sería sólo mental, mientras que ahora ya se concreta. Sólo mis hijos conocen la nueva situación. Aparento continuar en el trabajo mientras salgo a vender las cosas de la casa que ya dejamos de necesitar y tampoco podemos llevar porque iremos a encontrarnos con mi Marido. Nada nos detiene aquí. La familia ha perdido su poder sobre mi y el proceso legal, sus arandelas que me llenaban de miedo se diluyeron en la necesidad de ser libre. 
Todo ha sido fácil, resulté una buena vendedora porque era prodiga en entregar lo que había perdió valor apea mi. Abrí una cuenta de ahorros a mi nombre y lo deposité todo. Nos mantenemos con lo imprescindible y le pregunté a la vecina si aún tenía en venta su casa.
Con ese dato hablé con la Hermana Mayor. Compra las dos casas y mantiene en secreto la venta de la mía. Cuando me deposita el dinero en el banco le entrego las llaves y dono a una salón comunitario los trastos que me quedaban. 
Mantengo la cautela. Me pongo en contacto con el Coyote que nos pasará por la frontera. El costo puedo cubrirlo con la liquidación que recibí y la cita queda pactada para las horas siguientes. 
Con mis hijos visito a mis padres para despedirme. Apenas con el tiempo justo para evitar las explicaciones.
Tomados de las manos cumplimos la cita. Nos subimos a una furgoneta y confiados nos dormimos sin dudar que al despertar volveremos a estar los cuatro, en familia. 
Final con un comienzo.

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