martes, 4 de junio de 2013

En familia 7


Los dejé esperando en el parque y me fui hasta la casa. Llamé a la puerta de la habitación de la Señora y le anuncié que necesitaba marcharme antes. Se molestó y me dijo que no podría pagarme el día. -Está bien, no hay problema, la comida quedó lista. Respondí y me encontré con los hijos.
En el trayecto a nuestro hogar permanecimos los tres callados, rumiando nuestro pensamientos y sentimientos. Al llegar nos sentamos en la sala y lo conversamos. Estaban corriendo y persiguiéndose unos a otro hasta que se quedaron sin aire y decidieron tomarse un respiro tendidos en el pasto. El Hijo quedó en el medio y somnoliento abrazó a su hermana, estaba a punto de dormirse cuando sintió la mano atrevida del Adolescente sobre sus posaderas. La agarró con fuerza y brusquedad y cuando el Adolescente trató de defenderse le puso el ojo morado. Fui prudente para evitar que en mi búsqueda de la comprensión sobre la situación del muchacho mis hijos se sintieran traicionados. Acordamos que ellos no volverían al lugar de mi trabajo y que los Domingos dejaría de laborar.
Al día siguiente me encontré con el Adolescente, quien sonrojado me desvió la mirada. Insistí en llamar su atención y lo abracé. Sabía, como se los hice ver a los hijos, que vivía un infierno, pese a que todos sus gustos en ropa, tecnología y diversión eran satisfechos de manera desbordada. Nunca hablamos sobre el evento del parque. Él se pintó el pelo de café rojizo, aumentó sus salidas y al lavar su ropa interior me di cuenta que empezó su vida sexual. Tampoco dije nada al respecto.
Cuando se aproximaba el fin de semana hablé con una vecina, quien me había pedido antes que la recomendara en algún trabajo. Le propuse que me remplazara los Domingos, si la Señora estaba de acuerdo y no lo estuvo. Trató de hacerme sentir culpable y después me ofreció mas dinero. No acepté y terminó saliendo desde la tarde del Sábado de viaje a sitios para veraneantes.
Al tener un día libre pudimos volver a sentirnos como familia y olvidarnos de nuestra imperiosa necesidad de dinero, preparar meriendas para comer en alguno de los parques de la ciudad y recibir noticias de la casa paterna. La Hermana mayor fue a visitarme para darme un recado: el Hermano llegará en los próximos días y necesita hablar con urgencia conmigo de mi Marido. ¿Y ahora qué?. 
Continuará

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