miércoles, 3 de abril de 2013

La salida


Sin mirar atrás nos subimos a prisa a un taxi que aguardaba en la esquina. Era un expreso que nos llevó al pueblo donde nos casamos. Mi Hermana, su marido y yo nos quedamos en la zona de los autobuses para evitar encontrarnos con el Padre y que al vernos de viaje sospechara la verdad. El Universitario fue a la Curia, reclamó la partida matrimonial y la registró para que la unión tuviera legalidad también en el mundo de los hombres.
Pasamos todo el día ahí. Abordamos un bus en el que viajamos toda la noche hasta arribar a la ciudad mas cercana a la frontera con el país en el que se llevaría el encuentro de jóvenes de la Iglesia. Allí con las copias eclesiásticas y el recibo que certificaba el trámite del registro civil del matrimonio obtuvimos el pasaporte.
Tomamos otro transporte que nos llevaría nuestro destino. ¡Lo habíamos logrado! 
En la frontera entregamos nuestros pasaportes al oficial de turno, quien los retuvo, llamó a su superior, nos obligó a bajar del vehículo y los cuatro fuimos confinados a una sala. Estábamos tan asustados que enmudecimos, a ninguno se nos ocurrió protestar. Cuando nos recuperamos los hombres prendieron sus respectivos aparatos celulares en el momento en el que entró el comandante del puesto fronterizo y les ordenó que los apagaran o les serían confiscados. Nos mostró un fax, en el que estaban nuestras fotos y una denuncia de presunto secuestro, presentada por Mamá, y nos relató que copias iguales circulaban en todos los aeropuertos y puestos fronterizos. Enumeró todas las acciones policiales llevadas a cabo en nuestra búsqueda, incluyendo un allanamiento a la casa del Pastor y la sede de la Iglesia.¡Increíble!. 
Mi hermana y yo nos miramos y comprendimos sin necesidad de intercambiar palabras que en ese momento era imposible ir al encuentro que nos hizo llegar hasta allí.
Los hombres mostraron los documentos que nos conferían la libertad de la tutela materna y nos tuvieron que soltar.
Salimos y en la mitad de la calle, el Universitario me retiene y me dice que Él desea ser mi marido de verdad. De reojo veo a mi Hermana, que está radiante y enamorada y entonces me centro en mi propio momento: lo miro confiada, abro sin duda mis labios y recibo mi primer beso.
Final con un comienzo.

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