jueves, 25 de abril de 2013

En familia 2


Rompemos el silencio que nos dejó la despedida y me siento con cada uno de ellos a mi lado y les relato los sucesos. El Chico, que físicamente es mi réplica en masculino, calla, mientras que a la Hija he de retenerla para evitar que salga enfurecida a reclamarle a la Tía, a la Abuela… 
Les pido que recemos para que su papá atraviese la frontera sin contratiempo, sin que la Migra los encuentre. Encendemos una vela que renovamos para mantener la llama durante tres días cuando recibimos su llamada para avisarnos que estaba con mi Hermano, con quien trabajaría y nos mandaría dinero lo mas pronto posible. Lo tranquilizo y aseguro que estamos bien.
Mi Hermana es la menor de cuatro hijos en las que predominamos las mujeres. Yo soy la del medio y entre las dos siempre existió un desacuerdo que encubrimos con la exigencia de ser familia. Ella jugó el papel de la víctima en tanto que aprendí a buscar la respuesta a mis necesidades por misma. Íbamos a la misma escuela y en allí ella encontró su marido. Un compañero que no tenía casa y terminó siendo acogido en la nuestra, un poco por la nostalgia de Padre ante la ida del Hermano al exterior y mas por la insistencia de mi Hermana Menor que sedujo a Madre para que se compadeciera de él. Esa decisión nunca me agradó, ya que sentía desconfianza por su servilismo y su mirada furtiva. Con el tiempo mi sensación se fortaleció y lo evitaba, máxime cuando una vez me esperó en la esquina para galantearme y me sentí ofendida, ya desde el principio me di cuenta que entre Él y mi Hermana Menor había algo que quedó al descubierto con su fuga, encuentro y matrimonio obligado por las circunstancias de un embarazo. Con el tiempo esa etapa quedó olvidada en el baúl de los recuerdos censurados y continuamos en la dinámica de nuestras propias vidas y del círculo familiar que nos mantuvo unidas. 
Soy ahora la cabeza de la familia y es cuando siento la contundencia de la tranquila y segura compañía que mi Marido ha sido a lo largo de estos quince años juntos. 
Tenemos algunos ahorros que habíamos juntado para echar el segundo piso de la casa y que podrán ayudarme a sobrevivir mientras busco alguna manera de ganarme la vida y hallar un abogado que estudié el caso y nos permita que Él pueda regresar.
Antes de casarme trabajé en una panadería donde entré a limpiar y terminé manejando la caja registradora y la contabilidad, dado mi interés en aprender lo que me quisieran enseñar, ya que después de la secundaria Padre se negó a darme mas estudio por su convicción de que el dinero que se invierta en la mujeres es perdido porque algún día se casan y los rendimientos los gana otro.
Visito a mi antiguo patrón y le pido ayuda. En aquel momento la Gerente de una empresa a la que le proveían canapés para sus eventos necesitaba con urgencia una empleada doméstica y ofrecía muy buen dinero por ello. Acepto sin dudarlo.
Continuará

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