jueves, 7 de febrero de 2013

La salida 9

Volví a ir a Misa para estar sola. Necesito ese espacio de silencio para retomar fuerzas que me permitan soportar lo que queda de cada Domingo. Madrugo como si fuera un día de colegio, me baño y salgo sin hacer ruido. Camino con el rostro atento a la brisa que me hace sentir despierta. Entro a la iglesia y me siento en una banca vacía. Imito los movimientos y simulo modular las palabras del rito eclesiástico, mientras que mis pensamientos me mantienen en casa. 
Regreso y hago parte de las actividades familiares con el anhelo de que la velocidad del tiempo traiga el Lunes. Perdí el interés en escapar. Me mantengo en las rutinas y me obsesiona el orden al punto que si encuentro una arruga en la colcha de la cama salto como una fiera herida. Me cree la fama de malgeniada y me resguardo en ella. El ceño fruncido es mi careta. 
Continuará

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