martes, 13 de noviembre de 2012

Sin culpa 9

Lo primero que hice después fue hablar con mi Madre para cumplir mi promesa de hacerle saber de mi y de que todo estaba bien. Ella estuvo tranquila y sin reproches. Yo a mi vez sentí que podía establecer contacto con ella sin sentirme culpable de existir y que el ejercicio de la libertad dependía de mi.
Cuando salí de la clínica la Tía me esperaba y me condujo en silencio hasta su casa. La ausencia de palabras de consuelo y de justificaciones me permitió mantener el estado de serenidad y certeza que tuve a lo largo de toda la experiencia. Me era imposible replicar la vida de mi Madre y todo el peso de una bastardía construida en esquemas viejos que aún causan dolor. 
Al tener claro en mi lo que evidentemente era incapaz de vivir pude decidir sin envolverme en ningún drama, ni siquiera me quedé con la añoranza de un amor que por su propia condición era esquivo a mi interés por establecerme en pareja de manera normalmente aceptada. Tampoco ahora tengo claro si estoy aferrada a esa posibilidad.
Adquirí una deuda con la Tía que era igualmente cuantiosa en lo económico y en lo afectivo y me dispuse a pagarla. Ella nunca me cobró, pero yo ya sabía que era mejor para mi ir ajustando las cuentas. 
Por nacimiento existía una particularidad en mi cuerpo que ocultaba a todos y que sólo conocían mi madre y Él, al haber sido me amante. La veía como un defecto que expresaba físicamente mi sensación de estar incompleta, marcada y que consiste en que mis senos no tienen pezón. 
Le hablé a la Tía de ello en el momento en el que le expuse mi interés por buscar la manera de pagarle y lo hice pensando que esa falencia en mi cuerpo era también un impedimento para prestar mis servicios en su casa y resultó que a ella le pareció todo lo contrario y después de asegurarse de mi disposición a dar ese paso, tomó el teléfono para llamar a uno de sus mejores clientes, quien pagaría un buen dinero que además de saldar mi deuda me dejaría con un buen plante. Sin embargo había un pero: sólo era un mirón.
Continuará
*Son historias que nacen de hechs reales, que acuden a otros igualmente ciertos para entremezclarse y desdibujarse en la ficción, porque todas y cada una de las mujeres que conozco desde su propia perspectiva y  respuesta, me enseñan a vivir. G.U.

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