martes, 23 de octubre de 2012

Sin culpa 6

Me reintegré al trabajo consciente de mi reloj biológico y acudí a la cafetería para colocar un anuncio y cuando me disponía a hacerlo encontré uno tan similar que mi corazón comenzó a latir sin freno. Busqué un teléfono público y marqué le número del celular que me brindaría información. Nadie lo atendió y dejé un mensaje distorsionando mi voz tras un pañuelo en el que confirmaba mi asistencia a la escalada programada para el siguiente fin de semana y señalaba mi conformidad con la hora de la cita.
Cada día imaginaba un diálogo y un encuentro diferente. Estaba tan nerviosa que bajé mas de peso y para evitar comentarios e incluso una nueva incapacidad opté por colocarme doble ropa y evité trabajar fuera del horario normal.
Para cumplir la cita del Sábado en la mañana dejé olvidada, a propósito, la billetera con todos mis documentos y el cheque de mi sueldo. con la excusa de ir a recogerla llegué a la oficina, la saqué del escritorio en un santiamén y corrí escaleras abajo. Ahí estaba esperándome con cara de mucha preocupación. Sin pensarlo me le tiré encima y al tomarlo desprevenido alcanzamos a desplazarnos un par de escalones, pero sin llegar a caer. Él me sostuvo con firmeza, mientras yo reía y lloraba al mismo tiempo. 
Cuando me sosegué lo dejé hablar. Él me confío que estaba arrepentido de nuestra ruptura, que estuvo plantado noche tras noche frente a mi casa, esperando encontrarme. Traté de interrumpirlo para contarle que habíamos estado fuera... pero asintió dándome a comprender que ya lo sabía y continuó explicándome sus sentimientos de angustia por mi ausencia hasta que ya no  pude aguantarme mas y le solté de una vez por todas la noticia del embarazo.
Al principio Él quedó totalmente paralizado. Desde mi proximidad a su cuerpo sentí su conmoción y el momento en que se repuso, en el que tomó nuevamente el control para pedirme que repitiera lo que le había dicho. Ni me acordé de todo lo que había supuesto decirle y nuevamente fue escueta: estaba embarazada y tenia una semana para decidir qué hacer. Él me abrazó con ternura y antes de volver a pronunciar palabra alguna la voz alterada de la esposa nos hizo dar un brinco mutuo que nos separó.
Ella aún con la puerta de emergencias entre sus manos comenzó a gritar insultos que atrajeron a todos los que estaban trabajando, entre los cuales se encontraba mi jefe.

Continuará
*Son historias que nacen de hechs reales, que acuden a otros igualmente ciertos para entremezclarse y desdibujarse en la ficción, porque todas y cada una de las mujeres que conozco desde su propia perspectiva y  respuesta, me enseñan a vivir. G.U.

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