martes, 16 de octubre de 2012

Sin culpa 5

Me siento viviendo un tiempo lento e intenso. Cada segundo es una eternidad por la multiplicidad de sensaciones, pensamientos y hechos que parecieran crear una experiencia de la que soy simplemente testigo. 
El impacto del embarazo fue superado por otro mayor. Incapaz de aceptarlo le dije a la Tía que estaba en un error, pero ella sin darme tiempo para rechazarla me llevó a un baño, abrió una gaveta llena de preservativos y pruebas de embarazo, me urgió a que me hiciera una sin permitirme intimidad  y su pronóstico fue confirmado. Estaba embarazada.
Cuando volví a tomar conciencia de mi me extrañó que dispusiera en abundancia de condones y pruebas y así se lo manifesté. Ella sin parar de reír se burló cariñosamente de inocencia: Niña, ¿en qué mundo vives? ¿No me vas a decir que no sabes en que lugar estás?
Evidentemente no tenía ni idea que la Tía no era la tía del novio de la prima de mi prima sino una Madame. Es decir la propietaria y administradora de la mejor Casa de Citas del lugar. Mi estupor fue tal que mi rostro se tiñó de un rojo encendido y comencé a tartamudear la necesidad de salir de allí, ya que al mismo tiempo recordé que había pasado la noche entera fuera de la casa y del ámbito materno, y que lo mas seguro es que estuvieran alarmadas con mi ausencia. 
Salí lo mas encubierta que pude, pues a pesar de que era una desconocida en esa ciudad, me avergonzaba estar allí. La Tía al despedirme en la puerta escribió en un pedazo de papel un número telefónico, me lo entregó y me reiteró que podía contar con ella, ya que con su ayuda recordé y establecí que la concepción se realizó seis semanas atrás.
Caminé un  par de calles y cuando sentí que nada me conectaba con aquel sitio, paré un taxi. Sin disponerme a pensar o decidir cualquier cosa llegué a la casa en el preciso instante en que mi Madre y la parienta se disponían a ir a la policía a denunciar mi desaparición. Para evitar demasiadas preguntas que me pusieran en evidencia fingí estar muy molesta con ellas y les reclamé que no me hubieran abierto la puerta. Ellas se enredaron en disculpas y yo victoriosa apuré los preparativos para el viaje de regreso, pese a que cada músculo de mi cuerpo se resentía para recordarme la experiencia en el prostíbulo y comprender que había sido una violenta y oportuna manera de conocer mi estado actual.
Mientras empacábamos a prisa veía a mi Madre a través de la realidad de mi útero ocupado y me dolía tanto el desamparo que la hizo madre soltera como mi orfandad paterna. Ella quedó embarazada de su primer jefe, quien la abandonó para casarse con la hija del dueño de la empresa y nunca regresó a su vida, ni hizo presencia en la mía. Supe que con el valor que tuvo para afrontar las murmuraciones y críticas nació su renuncia volver a amar y que la presencia de ese desamor también me había hecho una víctima que jugaba a la seducción y castigaba con la ausencia de compromiso. 
Durante el trayecto hablé y hablé sin parar de cosas sin importancia para ignorar una idea que iba y venía. Después de  ponerme en contacto con Él sabría qué hacer.
Continuará
*Son historias que nacen de hechs reales, que acuden a otros igualmente ciertos para entremezclarse y desdibujarse en la ficción, porque todas y cada una de las mujeres que conozco desde su propia perspectiva y  respuesta, me enseñan a vivir. G.U.

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