martes, 25 de septiembre de 2012

Sin culpa 2

Convivían en mi la adrenalina por estar expuesta al peligro de ser descubiertos por algún vigilante y el deseo de escanciar su sexualidad para que sólo me perteneceríera. Vivíamos agotados. Él bajó de peso y dejó de hacerle el amor a su mujer. Yo escondía tras el maquillaje la falta de sueño por las extensas jornadas diarias y el insomnio de los fines de semana ante el vacío que sentía estar lejos de Él.
Trabajábamos en áreas diferentes de la empresa, donde nuestro quehacer no tenía nexos y por eso nuestro mutuo descubrimiento fue fruto del azar. Nos conocimos en una de las veces que la selección del atuendo me hizo llegar tarde al trabajo. Entré como una exhalación y me lo llevé por delante. Él venía ensimismado, como, según supe después, era su hábito. Me lo llevé por delante, caímos al suelo entrelazados, nuestros cuerpos se acomodaron a la atracción invisible que se llama química y a partir de ahí nos buscábamos para encontrarnos en los corredores, la puerta de acceso y la cafetería.
Mi interés fue tal que temí preguntar sobre su vida, ya que cuando estuve en capacidad de apreciar los detalles lo primero que vi fue su argolla en la mano derecha. Traté de calmar la tempestad que vivía mi cuerpo cada vez que lo veía y para disimularlo expresaba indiferencia sin dejar de lado la coquetería que era como mi segunda piel. Sintiéndonos mutuamente observados evitábamos que nuestras miradas se cruzaran.
Aceptar nuestra pasión fue difícil para los dos. Él como ya le dije es conservador, apegado a las costumbres. Totalmente comprometido con su matrimonio, pese a la ausencia de hijos, pues ambos pactaron una unión para fortalecerse como pareja y potenciar las habilidades individuales que los hizo exitosos en sus profesiones. Muy guapo, alto, delgado sin llegar a ser desgarbado y lleva trajes que resaltan el tono perlado de su piel y sus ojos color miel. Galante, cortés y en una franca actitud que se gana la confianza de todo el mundo.
Por mi parte soy mas bien de estatura baja y rolliza con carnes bien apretadas y una cintura estrecha, mis ojos son verdes y contrastan con el tono oscuro de mi piel y hay en mi manera de moverme una gracia que me impide pasar desapercibida, Mi postura seductora es una aparente frivolidad de la que carezco, pues al ser hija de una madre soltera mi compromiso conmigo misma es crear una familia, normal, completa y por eso hasta el momento mis relaciones fueron efímeras, ya que al comprobar que no era tomada en serio, desistí de permanecer en ellas.
Al ser Él todo lo que deseaba en un hombre mi resistencias se debilitaron y las suyas se rompieron con la fuerza de las chispas que salían de mis ojos prometiéndole una alegría y liviandad que desconocía al haberse tomado con solemnidad el hecho de existir.
Asistimos a la fiesta de fin de año de la empresa y cuando yo trataba de espantar a mis consabidos admiradores fui rescatada por Él, que había requerido achisparse con un par de tragos para tener, por los dos, el valor de encarar el destino que nos unía. 
Huimos del lugar sin escondernos y por eso nadie nos vio salir. Por primera y única vez entramos a un hotel y allí nos despojamos de nuestras vestiduras.
Continuará

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