martes, 28 de agosto de 2012

Tras el recuerdo olvidado 4

Lo escucho incrédula. Es el hijo Menor que me pregunta antes de introducir algo en las cajas si lo necesito. Empaca mis cosas. Lo observo sin participar, espero con paciencia a ver cuando se termina la farsa y entra el padre, victorioso por haber impedido la venta de la casa. No he firmado ningún documento. Él sigue hablando del nuevo apartamento, que tiene una terraza donde podrán darse muy bien las rosas, que le ilusiona saber que cuando llegue a casa voy a estar ahí. Lo escucho a medidas, pues veo desfilar ante mis ojos lo que siempre temí. Se quedará con la casa y ya está visto que soy yo la que va. Mantengo el control y cuando siento que ya estoy lista para claudicar una ira me ciega, lloro de rabia.
Veo que se asusta y sale del cuarto. Lo escucho llamar a los hermanos. ¡Que vengan todos, tendrán que sacarme a rastras! Me entrego a un ataque de llanto. La casa dejó de importarme, me acongoja haber perdido a mis hijos. Me parece increíble que Él después de abandonarlos a una edad en la que lo vivido se reconstruye con las historias que nos cuentan de nosotros mismos, ellos lo hayan acogido y respaldado. ¡Cómo pueden decirle papá si nunca lo fue! Pensé que siempre estarían de mi lado, que al criarlos sola, con el fruto de mi tesón y perseverancia nadie podría separarnos, alejarnos, y ahora están contra mi, envenenados por el padre. ¡No lo acepto, sollozo sin control y de pronto recibo el abrazo de la Hija que se une a mi desconsuelo. Me aferro a ella, le pido que se pasé a mi lado, le imploro su complicidad, su solidaridad de mujer. Lloramos juntas. Nos separan los hombres. El Mayor me mete una pastilla en la boca y me obliga a tragarla. El Menor hace lo mismo con la hermana que la toma sin resistirse.
Me despierto, siento seca la boca y trato de levantarme para buscar un vaso de agua. Me detiene el hijo Menor, solícito me pregunta cómo estoy. No respondo, deseo creer que nada es real, que tuve un mal sueño, que en otro lugar está mi vida tal como yo la quise vivir.
Mamá, me reclama el hijo Mayor. Me señala al hombre que está a su lado. Me cuesta concentrarme, pido el anhelado vaso de agua. El Menor va por él. Me mantengo en silencio, sin entender por qué han traído un extraño a mi habitación. Lo observo, es muy joven, me sonríe para provocar mi confianza, me mantengo alejada de su seducción. Llega el agua y la tomo de un solo trago. El Mayor le hace una señal al visitante que se presenta, es un siquiatra del Centro Médico. Lo miro con terror, van a internarme, me declararán loca, dejo escapar un grito: Hija, !sálvame!. 
Continuará

1 comentario:

kiki dijo...

Está duro el capítulo de hoy.

Me quedo con la pequeña parte en que la mujer se desapega ya de lo material, de la casa, y me acuerdo de una estrofa de una canción reciente "Pues no todo es perdido, lo que vale en la vida no anda en mis bolsillos"

Saludos