martes, 24 de julio de 2012

El matrimonio de la viuda 6

El ultimátum al Médico coincide con la declaración de amor del Asesor. Me sorprendió y halagó al mismo tiempo. Después la asimilé como una posibilidad para afianzar mi estrategia con el médico, quien continuaba renuente y nuestros acercamientos se circunscribían únicamente a tener sexo. Mantenía y satisfacía su deseo, pues sabía que esa altura lo mas conveniente era evitar que dejáramos de vernos.
Al Asesor ni lo rechacé ni le di esperanzas. Lo dejé como dicen por aquí de bobo guardado. Continuaba haciendo trabajos con él, pero evitaba compartir sus confidencias, ya que éstas terminaban en elucubraciones sobre nuestra felicidad mutua y avances afectivos como apretones de manos o roces a mis mejillas, los  que soportaba con una falsa sonrisa, en tanto que me preguntaba dónde estaba el Médico, por qué su resistencia me obligaba a vivir con otro lo que realmente deseaba compartir con él.
Mi negativa a continuar su compañía nocturna la disculpé en mi responsabilidad como madre y me ocupé nuevamente de mi hija. Cada vez que retornaba a mi maternidad y veía lo sencillo que era me juraba hacerlo cotidiano. No obstante, mis anhelos por lograr mi objetivo rompían mi promesa y la regresaba al olvido. Acallaba mis sentimientos de culpa con la obsesiva convicción de que tendríamos un mañana mejor. 
Con el Médico todo seguía igual hasta que le conté que tenía un pretendiente. Me miró fijamente cómo se sondeara mi alma y luego se río al comprender que era el Asesor. Me ofendió su actitud y me defendí agregando que además me había propuesto matrimonio. Sin parar de carcajearse me dijo que qué estaba esperando para agarrarlo, pues al fin y al cabo lo yo quería era casarme, sin importar con quién. 
Me hirió ver que me desconocía, que mi amor era subvalorado y me entregué al resentimiento, le enumeré mi lista de insatisfacciones por su conducta. 
La discusión terminó en ruptura y me hice novia del Asesor. Estábamos mucho tiempo juntos y eso me permitió conocerlo y hasta contemplar la posibilidad de pasar el resto de la vida con él. Terminé comprometida sin volver a tener noticias del médico. 
La familia estaba contenta. Mi mamá agradecía sus rezos y mi papá asentía como si le hubieran sacado un peso de encima. La niña pocas veces se acercaba al Asesor y otras tantas salía corriendo a esconderse detrás de las faldas de la abuela al verlo. Mi madre aseguraba que eso se le pasaría con el tiempo, que era que se había apegado al Médico, el que, a dios gracias, ya había salido de nuestras vidas.
Conocí a sus padres y hermanas, era el único hijo varón y su madre lo trataba con pleitesía. Eso me chocó, pese a que a conmigo también había deferencia, porque me parecía anormal, irreal, una puesta en escena y desconfié de su hipocresía. Intuía que ella resentía la poca atención que recibía del Asesor y hubiera preferido otra mujer para Él. Opté por ignorar mi compresión y me uní al juego del maravilloso mundo que compartimos.
Comencé los preparativos de la boda convencida de la decisión tomada, pero me encontré con uno de los amigos del médico y me dijo que éste andaba en problemas, ya que la secretaria de su consultorio estaba embarazada y decía que era del jefe. 
Sentí que todo se derrumbaba a mis pies. Oculté mis emociones, me despedí argumentando un compromiso inexistente, me subí al carro y busqué un lugar aislado para estacionarme y llorar y llorar. Primero lo odié, maldije sus cuidados excesivos para evitar embarazarme y su descuido para lograrlo en otra. Me reconocí como una vieja de veinticinco años, ahora cansada y necesitada de un abrazo que me asegurara que todo estaba bien. Me vi atrapada en la urdiembre de la maraña de acciones que se enredaron haciendo mi propósito esquivo. Me enfrenté a mi propio engaño, aún lo amaba y nunca dejé de esperarlo.
Una vez en calma, decidí desoír mi orgullo y lo llamé. Nos vimos, le mostré mi dolor, mi tristeza. Él me miró con amor y como si fuera una chiquilla, en su tono constante de broma, me reprendió por mi falta de confianza. Me recordó que no había nacido para casado. Me contó que esperaba los resultados de una prueba de ADN y si era positiva se encargaría de mantener a la criatura, pues la única mujer con la que quería vivir era con su Viuda, Yo.
Continuará

1 comentario:

kiki dijo...

Frágiles cimientos para la pareja, pero nunca se sabe.